La fortaleza interior es necesaria para crecer
espiritualmente y ayudar a que los demás crezcan. Esta fortaleza conforma
nuestro carácter y permite disciplinar la mente. Una mente disciplinada es una
mente pacífica y feliz. Una mente fuerte nunca se perturba.
La fortaleza de nuestro ser se nutre de la experiencia del
silencio, de la conexión sutil con la Trascendencia y a nivel práctico de una
actitud honesta y sincera ante la vida y los demás.
Las bendiciones de los demás son otra fuente de fortaleza
para el ser. Recibimos bendiciones de aquellos a quienes hemos servido, y una
buena forma de servir a los demás es compartir esta clase de fortaleza interna.
Aquellos que han incorporado las virtudes en su
comportamiento y actividades, son los que pueden dar fortaleza a los demás. Compartir
esta riqueza y sabiduría es dar un regalo invalorable. Podemos evaluar nuestro
nivel de fortaleza interior observando la calidad de nuestras respuestas en las
situaciones y en las relaciones. Ejemplo:
El que es fuerte da, el
débil tiene expectativas.
El que es fuerte cambia y
transforma, el débil se queja.
El que es fuerte sabe perdonar, el débil guarda
resentimiento.
El que es fuerte cree, el débil…
duda.
El que es fuerte fluye, el
débil mide y calcula.
El que es fuerte permite, el
débil pone límites.
El que es fuerte puede
doblarse, el débil se rompe.
El fuerte calma y tranquiliza, el que es débil clama y se
agita.
(Anónimo)

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