Ser Presencia Salesiana es ayudar en el camino de crecimiento al otro
El que se propone ser una presencia significativa, cultiva
en sí mismo una mirada confiada y positiva en relación con los demás.
El que ama y lo manifiesta; no se queda en las apariencias
sino que va más allá para permitir que el otro se manifieste poco a poco como
es.
La persona que sabe renunciar a sus propios esquemas, se
deja maravillar por las novedades que portan los otros y es capaz de expresar
sus propios puntos de vista sin interrumpir ni comprometer la relación.
El ser humano que favorece la comunicación entre las personas,
el grupo y la comunidad en la que está integrado, está dispuesto a confrontarse
con las inevitables dificultades que se presentan en el camino: cansancio,
inconstancia, falta de claridad sobre las metas que se quieren conseguir, etc.
Amar la cultura, cultivar una gran sensibilidad respecto a
sus lenguajes, modos de expresarse, permite a la persona contar con un terreno
común sobre el que construir una auténtica comunicación.
El desafío para quien quiere narrar una experiencia de fe se
abre a la vida, al compromiso en el crecimiento constante de la humanidad, en
transparencia, autenticidad, cercanía a la persona de Jesús, en el servicio a
la comunidad social, eclesial.
Las personas tienen necesidad de
encontrar en los testimonios personales y comunitarios,ahora, más que nunca, el poder hablar, acoger, orar, oír, perdonar, agradecer, servir;
conocer y gustar, constituyéndose dichas acciones en elementos fundamentales de la
iniciación de las personas en la ética, en la vivencia de la salesianidad.
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